Blog Palomillas de muro.

Palomillas de muro.



Me vi paseando por la colina de una enorme montaña.
En
la cumbre, el gélido aire de la mañana que cubre sus suelos de blancas
alfombras, semeja  maná, claro y limpio. Su húmeda brisa alimenta
diminutas plantas que heladas del frío de la noche, desnudan a la mañana su
manto de hielo, aflorando su delicado ser.
Aferradas,
protegidas de la afilada humedad de la noche, entre fisuras de roca, dejan caer
sus brotes de pequeñitas hojas, mostrando cada  amanecer en cielo
claro, abierto y álgido sus brotes de hermosa flor guarnecidos, de nombre
palomillas de muro.
Supe
que el mínimo roce pudiera ser quebranto de belleza, así que me limité a
observar su delicada melena, sentada a sus pies de espaldas a  la
roca.
Bajo
gran mutismo, en compañía del canto de  aves y coro de insectos, el
tiempo pasó callado, en silencio, bajo gran paz y ronroneo envueltos que
hicieron perder el pasar del tiempo.
Creí
que era el placer que da sentir el golpe de aire helado en lo más alto…, fue
entonces cuando me di cuenta de estar envuelta de frágil tacto… mis brazos se
hallaban vestidos de tules hojas dando fresco placer delicado. Quedé perpleja,
no sentí miedo ni daño, sólo la fragilidad de su tacto. 
Entonces comprendí mi
efímera esencia.
 Cuando vuelva a ser volátil y de nuevo sea tierra,
agua, aire y viento, regresaré, me aferraré sedienta a una roca para sentir vidrioso y emotivo abrazo.
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