Blog CUENTO: Nina (III) La enfermería.

CUENTO: Nina (III) La enfermería.

Nina habla muy poco.  Va pasando el tiempo y sigue con retraso en la
escuela. Se da cuenta que no presta atención de lo que hablan en clase…aunque
lo escucha. Se da cuenta que sabe leer y escribir pero no comprende el porqué
ha de memorizar lo que lee para después en corto tiempo olvidarlo.  Nina vive en un universo imaginario de forma permanente,
encuentra absurdo retener muchas cosas en la cabeza para demostrar que memoriza
lo que hablan en clase. !Que lista es Susi que lo retiene todo! y !que relista
es Aba!…la modosita que con las mismas respuestas saca sobresaliente… en
Navidad presta su candidez a las monjitas para ser en el Belén la Virgen María.
Aba dejó muy claro, sin
mediar palabra a sus compañeras la capacidad “demoniaca” que poseía, todas temían
su mirada. Fumaba y “eso era exclusivo de hombres mayores”, Aba con once  años a escondidas siempre de las monjitas no
solo fumaba, sino que obtenía dinero de la venta de tabaco. A escondidas vaciaba
la botella de vino del cura. Cuando en grupo de dos le tocaba preparar la
sacristía, las botellas del vino las dejaba vacías.  Al no confesar su hábito, varias veces la
clase al completo tuvo que pagar multa. Nina y las demás estaban al corriente
de sus fechorías pero su amenazante mirada demolía cualquier intención delatora.
Si alguien hablaba o creía ella ser responsable de mermar sus caprichos, se
vengaba sin importarle si era o no delatora ni las consecuencias.
En una ocasión Nina y Ani fueron
pilladas en la sacristía del curita. Nina no tuvo más remedio que confesar al
ser pillada con los bolsillos cargados de hostias, sin poder hablar con la boca
llena. Le gustaban esos pequeños bocaditos que engullía con prisas por temor a
que la vieran.
Las monjitas no
podían creer que Nina fuera capaz de consumir vino, pero dadas las
circunstancias de verla con la boca llena, sin poder hablar, intentaron que
ambas confesaran o delataran a los responsables del consumo del vinito del cura.
Nina confesó una y mil veces que ella sí consumía hostias pero nunca probó el
vino. Todas comían hostias como si fueran bomboncitos, todas menos Aba que le
daba al vinito. A partir de entonces las monjitas pusieron mayor control en la
sacristía ¿Qué hizo Aba? añadir agua bendita al vino y todo arreglado.


El
curita hedonista de exquisito paladar, al primer trago puso cara de Bestia al
sentir su  vinito aguado. En misa, primero
las monjitas, después las niñas se van enfilando, en el pasillo central se
acercan a tomar la comunión y una vez apoyan la rodilla en el escalón tropiezan
con el rostro encendido del curita. Le salen las bolitas de los ojos por estar cargados
de ira, observa y cautiva los rostros de las niñas. Su voz contundente dice !El
Cuerpo de Cristo!… espera oír la voz del «Amen  culpable», que la voz delate a la responsable de
«aguar la sangre de Jesús”. (A la que le afloren los mofletes, la de la cara roja
será la  implicada en el delito). Las
niñas que acuden a misa, tienen que soportar el rostro encendido, acusatorio del
curita, todas…menos la angelical Aba.
!Claro! después de vestirse de Virgen
María, el rostro cándido, sumiso andar con rubios cabellos rizados, mirada
de cordero degollado de ojos azules y arrodillada en el escalón, a la espera de
recibir la comunión…aplaca la ira del curita.
Ese mismo día, las
monjitas aumentaron los controles…y Aba tuvo que abstenerse de tomar su vinito.
Aba  mortificó su abstinencia vengándose
de las primeras que  fueran pilladas y que provocaron los controles en la
sacristía.  
Una noche, cuando Nina
dormía, Aba acompañada de coleguillas se aproximaron a su cama. Ella inocente
de cuanto se tramaba, se despertó al oír las voces que la rodeaban ¡Nina! ¡Nina!
abre la boca y Nina que no conocía ni  esperaba ver de cerca la maldad,
la abrió.  Nina estuvo un mes ingresada
en la enfermería…junto a su compañera que en tres días se curó. Nina sufrió
fiebre de más de 40º que tardó tiempo en remitir. Los días previos a la
venganza de Aba, Nina estaba enferma de faringitis, esa noche al abrir la boca le
arrojaron pimienta negra molida, motivos que la llevaron a estar encamada en
estado grave durante mucho tiempo.
Aba tenía deseos de
dominio, de poseer todo cuanto deseaba de las demás. En el dormitorio, una vez
tocaba silencio no se levantaba nadie ni se oía el menor ruido y era Aba la que
pasado un tiempo se levantaba y se paseaba por las camas de sus amigas,
emitiendo ruidos extraños que mucho tiempo después Nina sabría identificar.
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