Blog La habitación del pánico.

La habitación del pánico.

Viajábamos en avión cruzando Suiza.


Al atravesar  durante un tiempo la zona extensa de los Alpes hay ajetreo entre viajeros. Los del lado derecho visualizaban  algo extraño abajo. Tanto que provocó que parte de los viajeros del lado izquierdo fueran a visualizar lo que llamaba la atención.  A gran altura se veía salir  de una explanada rodeada de montañas copadas de nieve tres enormes aparatos de un color verde plateado. Digo grande porque cuando me acerqué a ver desde la ventanilla, se podía ver con nitidez tres aeronaves de enormes dimensiones.  Enseguida supe que no era  obra de humanos.  Ante tanto revuelo, el piloto a través de un micrófono llamó varias veces al orden y nos complació reduciendo la velocidad para que  todos los viajeros pudiéramos  verlo. 

La aeronave tenía dos frentes diferentes, dos extremos adaptados según un u otro tipo de barreras que romper. Tenían en un extremo un  medio-circulo o media luna y en el otro extremo había una especie de diseño de avión Concorde. Sus dimensiones me hicieron temblar porque podía sentir la naturaleza de esos seres, fuertes, inteligentes capaces de una construcción así. La nave más pequeña  superaba  30 veces el tamaño del avión más grande construido por el hombre. Las tres se encontraban como si hubieran salido del interior de las montañas.

Más tarde pienso que es posible que desde el aire pudieran sufrir un ataque. Siento ver el efecto del resultado como una gran explosión nuclear. Pienso que lo que ellos puedan hacer aquí no invade nuestro desarrollo. Nuestro organismo no es capaz de vivir y trabajar bajo estas temperaturas, incapaces de diseñar algo así, incapaces de tan alta tecnología. Pienso que pueden tener necesidad de algún elemento que no les resulte fácil conseguir en otros mundos y finalmente estén aquí solo para recoger algo necesario para su evolución.

Más tarde me veo presente en una guerra en la que estos seres son atacados por la élite militar de diferentes países. Veo cómo manejan artilugios de guerra y armamento de última tecnología. Me hayo presente, pero no soy visualizada por ninguno de los que  preparan el ataque. Por más que aviso, por más que digo,  no hay forma de salir de esta guerra, mis voces son ecos al vacío. El armamento de los seres (falsamente invasores) es potencialmente superior. Veo su físico de dos metros de altura y gran corpulencia y manejan sistemas de ataque fácilmente destructivas sin el uso de armas. Siento su capacidad de eliminar barreras y cualquier obstáculo. Para ellos somos seres primitivos.  En su pensamiento evolutivo no existe clemencia para nuestra raza. Siento que no atacan si no ven en riesgo su misión.

Me veo avisando de que su tecnología es terrible, que van a morir  todos, que hay que desistir, pero mi voz es nula. Los militares entran para atacar en un refugio o boquete de montaña. En la oquedad de piedra se halla una gran cueva de paredes lisas y color claro que contrastan en la gran oscuridad. Es una trampa, los militares han caído en la red. Creen estar seguros en su escondite e ignoran que se encuentran en un zulo. Sintiéndose seguros preparan sus artilugios para atacar al invasor “pero es nuestra raza, los humanos quien les invade y  ataca”.

Viendo  una guerra perdida y sin justificación me veo intentando salir del zulo. En las paredes de la cueva la piedra húmeda refleja una tenue lucecilla roja y me aferro a ella palpando su lomo frío y resbaladizo hasta que mis manos rozan el saliente del marco de una puerta metálica blanca  (como las que hay en  los largos túneles para salir ante el peligro cuyo membrete en rojo dice «auxilio”).

Entro en la habitación de blanco y siento verme como en la habitación del pánico, toda está bloqueada, no hay salida. La única puerta da a la cueva y es donde no deseo estar ni ver lo que pasa.  Allí permanezco  encerrada y pensando que va a pasar cuando la guerra termine, mueran todos y me vean bloqueada por el pánico. Pienso que también me destruirán a mí una vez hayan terminado con ellos y pienso que tampoco tendrán miramientos cuando me vean, que mi final será igual que el de ellos.

Encerrada, escapo de una guerra que no entiendo, no justifico y está perdida de antemano. Nosotros al conocer su existencia fuimos contra ellos como si hubieran allanado la tierra, como si la tierra fuera propiedad  de los humanos. Ellos, teniendo el poder de atacarnos de mil formas, no lo hicieron.

En la habitación del pánico culmina silencio. No se oyen balas ni gritos. Pasado un tiempo alguien abre la puerta y me pregunta que hago dentro y respondo que no participo en guerras perdidas, que por favor cierre y me deje estar dentro.

Intuyo al salir que todos han muerto. No visualizo a nadie, el armamento está intacto, no ha habido ataque cuerpo a cuerpo. No hay heridos, ni sangre. La emisión de un sonido dañó su cerebro provocando la muerte de todos, posteriormente un gas difuminó sus cuerpos.
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