Blog CUENTO: La granja de Pedrolo. (II)

CUENTO: La granja de Pedrolo. (II)

Capítulo
II
Una
tenebrosa noche, la sierra se siente dormitar sin auxilio de guardianes. Hay
callado desvelo, árboles estáticos muy muy quietos, solitarios y redimidos,
sin constantes ni aliento.  
Como
si cumbres, suelo y hasta la propia agua presintieran ser devoradas en voraz
silencio, comienzan a ser coladas por embudo, deslizadas hacia la zona más
profunda del terreno, donde guarda su pequeño mundo Pedrolo.
Cuando
parecía que el suelo había dejado de tragar…la Nada, emitió una extraña
quietud, un silencio mordaz, como si la tierra y todos sus seres fueran a yacer
juntos al instante y, después… ¡BUM! la granja se derrumbó. Pedrolo se dio
cuenta que algo grave había ocurrido pues no oía a Yana ni  a Kity, pero
al estar completamente a oscuras y ante el peligro, se aferró como la hiedra a
rocas y raíces.
De
madrugada, sale del agujero y observa que Yana y Kity han desaparecido y se
encuentra solo. Siempre creyó estar protegido al verse rodeado de colosales
lomas, pero no, el seísmo arrastró su minúsculo habitáculo, dejando en su lugar
una maraña de barro, árboles y rocas.
Indaga
dónde está el hoyo que tragara a Yana y Kity, y visualiza un profundo socavón
de tres metros de diámetro. Con niebla y raíces no visualiza el fondo, así que
espera salga la luz del sol para poder saber de ellas.
Pedrolo
dando vueltas y vueltas por el agujero descubre que a escasos dos metros de
profundidad sujeta a varias raíces se haya Kity. La llama: Kity, Kity, querida
mía, chiquitina, pulida mía, Kity queridita mía, chiquitina, tesoro mío,
lucero, dime algo, háblale a tu Pedrolo.
  
Kity,
embadurnada de barro, sin poder emitir sonido alguno, acongojada, llenita de
miedo, no responde. A medida que se pasa el tiempo Pedrolo observa que Kity
está en verdadero peligro. Bajo ella hay desolada oscuridad, y, sus espolonadas
patitas sientan sobre libres raíces. Kity, teme ser presa de gigante telaraña o
servir de alimento a seres que habitan las profundidades de la tierra.
Pedrolo,
no habituado a trabajar, pasa horas y horas adulando a  Kity esperando
respuesta, pero Kity no responde a florituras que Pedrolo con afecto le
procesa. Pedrolo no tiene a dónde acudir. No puede pedir ayuda porque está
aislado en el monte. No tiene amigos y nunca ayudó a ningún vecino. Además de
vago es cobarde y, en vez de pensar cómo sacarla  de allí, sentado junto
al oscuro pozo la llena de ternuras, hasta que se hace de noche.
Pedrolo
pasa la segunda noche durmiendo a cielo abierto, sin tomar su ración de leche
ni su apreciado huevo. En la oscuridad, desmayado, sin reflejos ni capacidad de
atención oye ruiditos que le parecen salir del agujero…no cree posible que sea
Kity pues no movió ni una sola de sus plumas ni respondió a sus arrumacos.
Kity,
entre negruras percibe pequeños destellos y creyéndolo maíz, picotea y
 picotea evitando caer desmayada al vacío.
A
la mañana siguiente Pedrolo descubre que Kity ha cambiado la posición de sus
patitas hacia una raíz más gruesa y estable. Como loco clama, la llama, una y
otra vez, pero Kity teme perder el equilibrio, así que paralizada espera “la
inefable ayuda de Pedrolo”.
Así
que llega la tercera noche y Pedrolo sigue durmiendo al raso abierto sin probar
bocado…gruyendo su estómago, clamando en sueños  la fresca leche de Yana el
huevo de Kity.
De
madrugada vuelve a oír los ruiditos de la noche anterior y afina su oído.
Confirma que vienen del mismo agujero, pero su cobardía le hace no mirar. Teme
que Kity le reclame por hallarse en mayor peligro. Pedrolo permanece quieto,
afinando su oído y oyendo toda la noche tictic, tic, tictic, tic salir del
 agujero.
Es
la tercera mañana desde que sucediera el fatal desenlace. Pedrolo, siente un
fuerte dolor de estómago  que le hace decidir sacar a Kity que aún vive en
el oscuro agujero. Kity, pelusilla mía ¿me oyes? Kity permanece callada, sujeta
a las raíces.
Kity
aguanta tres días sin caer y sin dormir por picotear finas raíces y granos de
maíz que brotan brillantes en lodo oscuro.
Dolorosos
reclamos estomacales impulsan a Pedrolo a instruir su ingenio para concluir con
el suplicio…no el que padeciera Kity, sino el que padece su ahuecado intestino,
así que decide sacar a Kity asegurando no poner su vida en peligro.
Con
unas ramas de caña diseña una escalera de 3 metros de larga. En el extremo que
deja caer al agujero lleva entramado de finas cañas, muy juntitas similar el
asiento de sillín acordonado en sus laterales. La deja bajar plegada en un
mismo plano y una vez bajada, libera largas raíces, desplegándola para evitar
que caiga y poder alzar a Kity.
El
práctico invento es seguro, pero Kity tarda tres horas en moverse. No creía
posible que dicho artilugio sirviera para ayudarla y hasta que no estuvo segura
de que podía apoyar sus patitas no se aferró a ella y, sin hacer caso del
pequeño montacargas, jadeando y respirando con dificultad, dando héroes
impulsos fue trepando cañita a cañita la rubia escalinata de juncos.
Pedrolo
tuvo extrema confusión. Por una parte se alegraba tenerla de nuevo en sus
brazos…pero el fuerte dolor de estómago dictaba callar al corazón y saciar su
tripa, y pese a la imagen dañada de su querida Kity, tuvo que contenerse, hacer
soberanos esfuerzos, frenar el impulso de girarle el pescuezo para zamparla.
Dos
cosas llamaron enseguida su atención. Su peso era superior pese a estar tres
días sin comer…pesaba más de lo habitual y era evidente que Kity además estaba
 alicaída. 

Al principio lo justificó por estar llena de barro, sola y temerosa en el
agujero, así que la lavó en el riachuelo. Pero cuando lavada y aireada la
volvió a coger y vio que realmente pesaba más que cuando cayera al pozo no
entendió cómo era posible. Kity seguro que habría puesto huevos que cayeron al
vacío. No obstante la lleva a comer al campo para ver si aireándose se despeja
un poco…está atontá y apardalá, no es la misma, parece que en mis brazos tenga
otra gallina.
Kity
ni come ni pica nada de cuanto ve y esa misma tarde su cabecita ladea y cae
enferma. Sobre plásticos, telas y cartones la abriga Pedrolo, esperando a ver
si recupera y pone el huevo que espera, pero Kity siente que algo no funciona
bien dentro de ella y que pocos días le quedan.
Kity
a última hora de la tarde pone un huevo enorme y parece que al expulsarlo
reviva un poco, que un poquito mejora. Cuando Pedrolo todo alegre se dispone a
tomárselo crudo, le extraña que el huevo pese bastante más que los anteriores y
antes de tragarlo, lo rompe en un viejo cazo y encuentra que dentro de la yema
hay una pequeña piedrecita de oro.
Kity
come maíz húmedo triturado de las manos de Pedrolo, pues sus pocas fuerzas y su
estado no le permiten ir a picotear campos. Conforme pasan los días su amo la
mima como nunca antes la ha mimado. La da de beber en su mano, la da maíz
molidito en roca y Kity va expulsando cada día un gigante huevo, y en cada
puesta, su salud mejora. 

El tamaño de los huevos es colosal para su limitado cuerpecito por llevar cada
uno un pequeño tesorito.
Así
pasan dos semanas hasta que una mañana al despertar Pedrolo, descubre que Kity
no permanece a su lado y muy asustado sale rápido en su busca.
Kity
picotea maíz que guarda su amo fuera del cobertizo, se la ve feliz y al ver a
su amo desesperado acude dando saltitos a sus brazos y rodeada de abrazos
permanecen tiempo juntos.
Kity
ha recuperado su salud por los cuidados recibidos de Pedrolo pero ahora sus
huevos han vuelto al tamaño normal y dentro de ellos solo habita clara y
yema…sin pepita de oro.

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