Blog Senso, un gato especial. A special cat.

Senso, un gato especial. A special cat.

Faltaba días para que entrara diciembre. Recuerdo buscar vivienda de
forma precipitada y ante la necesidad imperiosa de sentirme en plena naturaleza,
“despertar al amanecer sintiendo vientos corales de diminutas gargantas, mañaneras
flautitas arropadas de pluma-espuma trinando entumecidos gozos y rimadas. 
Todo
ello fue suplido por la holgura de una terraza de 40 metros cuadrados en
ruidosa ciudad, donde el canto de aves es audible cercano a parques, o bien, puedes
oír el canto enjaulado “reos cuyo delito son belleza y canto” gorjeando baladas,
clamando libertad en cripta sepultada por el oído humano.

Allí, poco tiempo después vino a querernos Senso.

Aprovechando las escasas lluvias salí una tarde torrencial y lluviosa a
realizar gestiones, entre ellas, llamadas de teléfono. Cuando colgué el
auricular, la niña no se encontraba dentro del vehículo, y, haciendo barrido
ocular la vi bajo la lluvia acariciando un pequeño gatito que se hallaba  herido y abandonado bajo el viejo portal de
una casa de campo.

Cerca de él, había pienso y agua que habían dejado los vecinos del lugar
para que no pasara hambre. El gatito muy sucio, tenía a su alrededor surcos al
realizar sus necesidades varios días. Delgado, muy débil y cojeando intentó
caminar arrastrando su patita izquierda trasera.

“Por favor mamá, te lo pido por favor, te lo suplico, déjame llevarme al
gatito a casa. No deseo otro regalo de Navidad, parece bueno, tiene unos ojos
bellos y con el frío y la lluvia morirá. Por favor, es lo único que te pido
como regalo de Reyes Magos”. Y ante tal razonamiento y súplica no pude negarme,
así que esa misma tarde Senso entró a formar parte de la familia.

Herido, cojeando y lleno de inmundicias se dejó envolver en su chaqueta
vaquera. Mojado, desnutrido y sucio, sin conocer el alcance de los males que
padecía, pasó su primera noche Senso con nosotros, y permanecería a nuestro
lado por mucho tiempo.

Cuando llegó la primera vez a casa no teníamos neceser para realizar sus
necesidades, así que en una palancana grande arrojamos trocitos de periódico y
nos hizo gracia que esperase educadamente a que termináramos su zona privada
porque al terminar de romper los papeles vino directamente cojeando a su
plastificada letrina a realizar sus necesidades. Nos hizo reír, ¡oye, cojito
listo y limpio!.

La primera vez que entró a la casa, se comportó como si conociera cada
rincón, como si se hubiera perdido y volviera a su casa de nuevo.

Ser uno más en la familia implica llevarlo al veterinario, cuidarlo,
alimentarlo, con dudas de si resistiría o moriría antes, pero por suerte, una
vez en el veterinario, pudimos quedar tranquilas. No había fractura, sí
contusión y hematoma, así que solo era cuestión de cuidados y esperar para
verlo caminar.

El veterinario se sorprendió que se dejara hacer todo, pues no se quejó,
no maulló ni sacó las uñas. ¡Parece que venga de la guerra! Fue su primer
comentario. Un segundo comentario; que noble es y, sus ojos son especiales…creo
que a esta raza la llaman ¡Muñeco de trapo! como los muñecos de trapo, nunca
muestran agresividad.

Acto seguido se dejó hacer, vacunar, tratar la sarna de los oídos,
revisar órganos, desparasitarlo  sin
hacer la menor resistencia ni emitir maullido; desde luego, el veterinario
tenía razón.
  
La niña se apiadó de Senso, gatito trapero porque sus ojos manaban bondad.
Su mirada transmitía paz.

Senso era muy tranquilo y cariñoso, el primer día, su nobleza conquistó el
corazón de todos los de casa. Pronto se recuperó y fue mostrando con el paso
del tiempo que su infinita bondad rodeaba su cuerpo de gran ternura, añadiendo
un halo místico a un minino precioso y galante.

Sus ojos eran diferentes a los de cualquier gato. Habíamos tenido varios
en casa, pero Senso guardaba en sus ojos algo mágico.

Su tamaño corpulento frenaba, pero cuando su mirada tropezaba con la
mirada del que lo viera, atraía de tal manera que el temor inicial se convertía
rápidamente en querer coger y acariciar ocho kilos de ternura.

Senso se recuperó de su cojera y estuvo con nosotros alrededor de quince
años. Cuando alguien llegaba a casa le llamaba la atención. Todos apreciaban su
especial nobleza y tranquilidad, su ojos hacía pensar a quien lo viera. Recuerdo
sentir un sentimiento especial que no tuve antes con ningún animal.

Ya mayor, cuando habían pasado años, Senso empezó a enfermar. Su actitud
no cambió con el sufrimiento, se comportó igual de amoroso pese al dolor, no se
le oía maullar, permanecía cercano a nuestras faldas, siempre al lado de su
niña y ama.

Empezó con fracaso renal, apenas orinaba, no comía…así que una noche,
cuando la niña llegó del trabajo lo llevamos al veterinario de urgencias. Al
realizarle pruebas radiológicas visualizó que le quedaban días o quizás un mes
de vida. Que Senso no se quejara no quería decir que no sufriera, aunque no
mostrara dolor.

Recuerdo que el veterinario advirtió que si decidíamos llevárnoslo a
casa debíamos firmar un documento de conocimiento de su gravedad. No tenía
sentido mantenerlo con vida en un estado irreversible y terminal, así que optamos
por el acto más noble que pueda expresar una sociedad avanzada,  evitar el sufrimiento ante una muerte
irremediable y dejarle partir con el acto humano más generoso, evitando
sufrimiento y dolor. Un acto de amor y compasión, por doloroso que resulte. El
veterinario nos dejó estar junto a él mientras le ponía la inyectable. Mientras
Senso se apagaba recibía nuestras caricias, pudimos estar a su lado durante un
tiempo después que su corazón dejara de latir.

Esa misma noche, despierta, recién acostada y pensando en lo ocurrido,
sucedió algo inusual.

Recordando que allí habíamos dejado su dulce esbozo felino, algo extraño
ocurrió.  De pronto me sentí dentro del cuerpo
de Senso, y pude constatar, sentir que su cerebro se hallaba tranquilo, en
calma, sin vida. Después volví, como si mi espíritu hubiera salido a dar una
vuelta para cerciorarse que no sufría, tuve la certeza de que realmente su
cuerpecito descansaba.

Una experiencia parecida me ocurrió hace años con un ser humano
desaparecido, alguien con la que no había habido previamente ningún lazo o nexo
de unión. Recuerdo que fui atraída, llevada. En aquella ocasión sentí terror
por lo que presencié. Me vi presente en un escenario desagradable, sin haberlo mediado ni deseado.

Estas cosas tan raras que suceden en la mente sin que hayas dado permiso
ni hayas pretendido nada semejante las archivas, porque quien no las haya
sufrido, además de no creerte, puede hacer juicios precipitados por confiar y
exponer ese tipo de experiencias. Así que esta y otras cosas similares
difíciles de explicar y mucho más comprender, las fui arrinconando en el viejo baúl
de la mente. Simplemente ocurren, no puedes evitarlas, surgen sin más, sin
buscarlas.

Un día hablándole a mi marido de estas raras experiencias, me sorprendió
como tantas veces, “hombre de bien, culto, que no se asusta de nada y sabe de
todo”. Esperaba ante tal relato recibir cualquier gesto que definiese el
pensamiento…posible en estas circunstancias; pero él tranquilamente,
comprensivo y pensativo sigue hablando conmigo como si fuera el  tema “más común entre mortales”.
  
Responde; tranquila, lo que experimentaste tiene nombre, tema estudiado hace
miles de años, llamado  Metempsícosis. Me
aconseja leer el significado y realizar búsquedas por Internet. La
metempsícosis fue conocida y analizada hace miles de años por filósofos de
diferentes culturas.
La Metempsicosis es una palabra derivada del griego metempsychosis y
hace referencia a la transmigración del alma de un cuerpo a otro cuerpo “humano
u animal”. La creencia en la metempsicosis se remonta a la antigua tradición
religiosa de la India y es entendido como la recompensa que se alcanza por el
comportamiento en la vida precedente (del humano que sufre la experiencia con
la del fallecido). Hay vestigios en los libros de Upanishad.

Los griegos hablaban de estas experiencias hace 2500 años; nos dejaron libros
como  Fedro de Platón. El libro tibetano
de la vida y la muerte que tiene más de 2500 años. Lao Tse hace también referencia a la Metempsícosis y se
remonta a más de 2000 años.

Así que parece ser que lo que he sufrido en alguna ocasión, se ha dado
en otras personas, hasta el punto de llevarlo a análisis y estudio por
Filósofos  ilustres como Platón, Lao Tse,
etc.

La expresión en el lenguaje de filósofos de hace más de 2000 años es diferente
a como se expresa hoy el hombre actual, aunque el vocabulario pueda ser entendible.

No obstante,  me inicio poco a
poco para comprender el significado de  tales experiencias. Adquirí el libro de Raymond
Moody,
Doctor en Filosofía, Psiquiatra y forense que fue
pionero alrededor de los años 1950 del primer
estudio empírico de cientos de casos de experiencias cercanas a la
muerte. (ECM). El estudio se inició en el hospital estatal de máxima seguridad
de Georgia donde el Dr. Moody trabajaba. Trata de los fenómenos psíquicos que
acontecen en los momentos próximos al desenlace, recogidos y publicados en su
libro “Vida después de la vida”.

También me ha interesado el libro “Más allá de la vida” del autor David
Santinella y “Magos y Místicos del Tíbet” de Alexandra David-Néel  entre otros.

www.relatosdepatricia.blogspot.com.es

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